martes, 27 de noviembre de 2012

Análisis (todavía prematuro) de Diablo III

Sí, este es un análisis prematuro, a pesar de que hayan pasado ya seis meses desde que Diablo 3 se puso a la venta. Y es que si hay algo que se le ha echado en cara al último proyecto de Blizzard, es que es un producto aparentemente incompleto, al que todavía le falta un recorrido inmenso para igualar a Diablo 2. Hay quien duda que lo consiga jamás.

12 años después
¿Qué se puede decir? Hace cinco años no habría pensado que tendría la suerte de jugar a una tercera parte de Diablo. Y hace cuatro, no habría pensado que tendría que esperar más de tres para poder instalarlo finalmente en mi Mac. Definitivamente, los mandamases de Blizzard son unos sádicos. Sorprenden al mundo entero en 2008, con pantallas e incluso vídeos del juego en funcionamiento, con un acabado gráfico aparentemente decente, un website completo con mucha información y la sensación de que un secreto bien llevado se nos presenta en forma de juego casi completamente terminado.

¡Qué inocente! Desde junio de 2008, Blizzard nos fue obsequiando con escasísimas gotas de información y actualizaciones que se hacían esperar meses, para casi cuatro años más tarde lanzar finalmente el juego. Por el camino, rumores, fakes, noticias y muy poco más. El secretismo de la compañía americana fue insoportable, y a pesar de ello, los fans del juego original estábamos dispuestos a armarnos de paciencia el tiempo necesario, con la esperanza de que finalmente Diablo III fuese lo que tenía que ser: una digna continuación de un juego que ha marcado nuestra juventud.

Tras las primeras versiones de la beta, que tan solo unos pocos pudieron disfrutar, empezamos a poder disfrutar de un acabado algo más depurado, esperando siempre encontrar algo más en el producto terminado.

Diablo es y siempre ha sido un juego polémico por su desarrollo, insoportablemente monótono y tedioso para unos y absolutamente fascinante para otros. El paso de un estado a otro no es siempre sencillo. Yo mismo empecé a jugar a su primera parte con apenas dieciséis años y debo admitir que lo abandoné prematuramente, sin entender demasiado el interés a su alrededor. Unos meses más tarde acabó por convertirse en un juego que exprimí hasta límites demenciales.

Parece que Diablo 3 está condenado a ser criticado, pase lo que pase. Cualquier decisión tomada por Blizzard es vista con recelo por parte de los fan. ¿Es esto algo justificado?

Antes de analizar D3 parte por parte, cabe decir que Diablo y Diablo 2 son los juegos que más he jugado en mi vida. A día de hoy, D2 sigue instalado en mi ordenador, funcionando a pleno rendimiento. Es una forma de decir que esto es el análisis de un fan, para bien y para mal. A pesar de la subjetividad, mi opinión es más positiva de lo que es la de la mayoría de fans de la saga, que en gran medida la dan por muerta.



1. Historia
Esta nueva historia transcurre veinte años después de la destrucción de Baal, señor de la destrucción. Y parte de la llegada de nuestro héroe a Nueva Tristán, tras la caída de una supuesta estrella sobre la mismísima catedral, un extraño signo que trae consigo el levantamiento de muertos y otras criaturas de pesadilla.

La historia en Diablo, francamente, nunca ha sido ni excepcional ni verdaderamente importante. Si bien hay una mitología detrás de los acontecimientos, y una cronología más o menos elaborada, el transcurso del juego se limita y siempre se ha limitado a escasas conversaciones que generan eventos que, a su vez, nos llevan a arrasar oleadas de enemigos. No hay más. Quien se queje de que la historia de Diablo 3 es de una calidad inferior, es que tiene poca memoria.

En Diablo 3, Blizzard ha contado con algunos nombres decentes del sector para intentar vestir su producto de un 'lore' aceptable y unos diálogos más elaborados. La realidad es que a pesar de las bonitas palabras en boca de cada PNJ, cada diálogo acaba llevando a lo mismo: acción y destrucción. En fin, el juego no requiere de mucho más. Los diálogos de los demonios más importantes del juego se limitan a dejar claro el poco miedo que nos tienen y lo mucho que nos harán sufrir. Francamente pobres y no especialmente agudos, proveniendo de entidades que representan conceptos tan sutiles como el pecado, la mentira o el terror.

Curiosamente, la cosa gana muchísimo con todas las descripciones del bestiario y los diálogos entre los acompañantes que nos siguen durante todo el juego: la hechicera, el templario y el canalla. Qué lástima que el 90% de los jugadores de Diablo pasen bastante del lore y que, comprobado está, el 85% considere irrelevantes e incluso molestos los diálogos entre nuestros seguidores. Personalmente disfruto mucho de ellos, aunque llegue un punto en el que se repitan. Creo que ayuda a dotar a cada uno de los personajes de una personalidad que nunca tuvieron en partes anteriores de Diablo, donde nuestro propio personaje apenas tenía voz, salvo en contadísimas líneas muy accesorias.

Aunque el inicio de la historia mantiene un interesante halo de misterio alrededor de la estrella caída, todo se vuelve tremendamente predecible tras descubrir el origen de la misma. El destino de los personajes está cantado desde el segundo acto. De todas formas, opino que en su conjunto, dentro del naíf planteamiento narrativo de Diablo (marca de la casa), cumple de sobras con su función y supera a todas las entregas anteriores.

Nota: 6 / 10

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2. Desarrollo y sistema de juego



He aquí el meollo del asunto, fruto de odios y pasiones a partes iguales. El sistema de juego se ha mantenido casi intacto a grandes rasgos. Digo casi porque evidentemente muchas cosas han cambiado, pero seguimos teniendo con nosotros esa perspectiva aérea, esos mapeados extensos (mucho menos intrincados, hay que decir), nuestros dos medidores de vida y maná (o el recurso que utilice la clase en uso), nuestra gestión de inventario, nuestro alijo, nuestros mercaderes, etc. El control del juego sigue basándose en el uso fundamental del ratón, con habilidades primarias y secundarias y algunas otras asignadas a determinadas teclas. Aparentemente, todo en su sitio.

Sería complicado analizar absolutamente todo lo que falla y lo que funciona en D3, pero me atrevo a decir que hay cuatro aspectos fundamentales que han minado la experiencia que podría haber supuesto:

1. La curva de dificultad: aunque dicha curva se ha manipulado con el paso de los meses, la realidad es que los modos de juego normal, pesadilla e infierno son un paseo. El juego incrementa en dificultad y en la potencia de los enemigos en la misma proporción en la que lo hace nuestro personaje, por lo que prácticamente siempre nos encontramos en situación de superioridad. Los cambios entre un nivel y otro de dificultad también se reflejan en el nivel de objetos, en los ingredientes que podemos obtener al reciclar armas, etc, pero son claramente insuficientes para justificar la tediosa repetición de los mismos eventos en tres modos de dificultad. El primer contacto es importante y el de Diablo 3 es discreto. Demasiado.

Todo fan de Diablo sabe que no puede esperar verlo todo acabando el juego de cabo a rabo en modo normal, pero lo que se nos ofrece como aliciente en los posteriores modos es insuficiente. Sobran niveles de dificultad o falta regular la introducción de nuevos elementos en cada uno de ellos. O bien, presentar de forma más evidente la tan cacareada aleatoriedad de escenarios que en Diablo 3 se limita a muy escasas situaciones. Para cuando un usuario ha alcanzado el modo Averno, está más que harto de hacer lo mismo una y otra vez.

2. El 'drop': la palabra más repetida en la historia de los foros de Blizzard. El drop es un desastre. Pero sinceramente opino que de hecho ya era suficientemente frustrante en Diablo 2. Actualmente, el número de objetos raros o legendarios que nos caen es más o menos aceptable en cantidad (personalmente sólo he conseguido dos legendarios en seis meses) pero bochornoso en calidad, ofreciendo en el 99,5% de las ocasiones objetos de inferior calidad a los equipados y que nunca llegaremos a usar. El resultado es esencialmente frustración ante horas y horas de juego sin resultados destacables, lo que lleva al jugador a pensar: ¿para qué estoy jugando exactamente?

3. La casa de subastas: un concepto discutido. ¿Mi opinión? Nadie debería recurrir a ella, a menos que tu única intención sea hacer negocio con ella. Usar la casa de subastas para obtener equipo puede suponer avanzarte al progreso natural del juego, además de trivializar lo que en otras condiciones habrían supuesto logros considerables. Si unimos un drop ineficiente a la posibilidad de conseguir casi lo que queramos en la casa de subastas, siempre que podamos pagarlo, nos damos cuenta de que no hay alicientes claros en el juego una vez llegamos a etapas avanzadas de progreso.

4. El sistema de habilidades: un problema gravísimo que sinceramente creo que no llegará a solucionarse. Blizzard apostó por un sistema que nos permitiese acceder a todas las habilidades y runas, hagamos lo que hagamos en nuestro avance hasta el nivel 60. La intención era clara: dar a los usuarios todas las opciones y permitir infinitas combinaciones de habilidades que probar sobre tu personaje, alterables en cualquier momento del juego.

Pero el no dar opción a especializaciones concretas, hace que absolutamente todos los jugadores de una clase tengan características similares, especialmente al no permitirnos personalizar el aumento de puntos para cada atributo. Si a ello sumamos que algunas habilidades son claramente superiores a otras, obtenemos además que los objetos más buscados son siempre los mismos. Objetos que fácilmente podemos comprar en una casa de subastas donde abundan, dado que la demanda es grande y la oferta también. Mismos atributos, mismas habilidades, mismos objetos... ¿Dónde ha quedado la diversidad de Diablo 2 en este sentido? No hay ningún motivo para construir dos personajes de una misma clase. Fail.

Por contra, Diablo 3 es un juego extremadamente jugable, carismático, extrañamente adictivo y espectacular mientras la pasión del jugador por el juego sigue en alza. Cualquier usuario tiene al menos cien horas aseguradas de estimulante destrucción indiscriminada.

Pocas cosas sobran o faltan y es una lástima que aspectos muy bien medidos se encuentren enfrentados a errores garrafales. En definitiva, es difícil valorar si el sistema de juego es perfecto en su simplicidad y efectividad a corto término o si es el mayor fracaso en la historia de Blizzard. De ahí nuestra puntuación doble.

Nota: 9 / 10 — 1 / 10

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3. Gráficos

Desde las primeras pantallas de Diablo III, se han vertido megalitros de tinta respecto a sus renovados gráficos, tildándolos de infantiles, desfasados, poco fieles al espíritu de la saga, carentes de detalle y tecnológicamente irrelevantes. Sería necesario matizar todas estas afirmaciones.

Tras los primeros vídeos, un gran número de seguidores se quejó del aspecto excesivamente infantilizado de D3, con algunos puntos en común con World of Warcraft y su look más 'cartoon', con una paleta cromática general más colorista y unas texturas más sencillas y planas. Es increíble que ahora haya muchos usuarios que se quejan de lo oscuro de muchos pasajes. Está claro que este aspecto nunca será suficientemente bueno para nadie. 

Tuve la gran suerte de jugar las primeras horas de Diablo 3 con un temporal algo irregular. Al mirar por la ventana y ver lluvia, nubes y el viento meciendo las hojas de los árboles, no podía evitar contemplar los parajes lluviosos de Tristán, sintiendo una estimulante inmersión. Algunas localizaciones son impresionantes. Es una lástima que los momentos de exploración y mera contemplación sean triviales en Diablo, especialmente cuando hemos acabado el juego un par de veces. Tan solo una parte muy pequeña del total de jugadores encontrarán en ello un aliciente.

Es cierto, los gráficos de D3 son ridículamente simples teniendo en cuenta nuestro contexto tecnológico, pero creo que envejecerán bien, y que gran parte del desarrollo visual está basado en la representación de las muchas y variables habilidades de nuestros personajes. Cosa que en mi opinión han conseguido de forma brillante.

Las secuencias entre actos son audiovisualmente sublimes. Exquisitas a todos los niveles. Una lástima que en su conjunto no consigan igualar ni de lejos la épica de la secuencias de Diablo 2 (especialmente la introductoria) que seguramente pasen a la historia como algunas de las más recordadas.

Nota: 7 / 10

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4. Música y efectos de sonido
La música de Diablo siempre ha sido esencial. Aunque el compositor de la fantástica banda sonora de Diablo 2 ya no haya sido el responsable en esta última entrega, es evidente que Blizzard ha querido respetar en la medida de lo posible el tono general que Matt Uelmen imprimió en los maravillosos y oscuros pasajes de Lut Gholein, Travincal y el mismo infierno. Sin embargo, es justo decir que Diablo 3 no está a la altura de su antecesor, a pesar de la gran calidad técnica de su banda sonora.

Sí me han parecido distintas en esta entrega las numerosas composiciones de corte prácticamente atmosférico: oscuras, densas y misteriosas, que aunque han sido criticadas por su excesiva lentitud, creo que incrementan la sensación de desolación de los primeros parajes y contrastan adecuadamente con momentos sonoros cargados de épica.

A pesar de ello, cada fragmento musical de Diablo 2 era un himno en sí mismo. Quizás sea el efecto de escucharlos una y otra vez durante más de diez años, pero Diablo 3 tiene poco que hacer en comparación. Las melodías más destacadas del juego son, precisamente, las que más se acercan a las de su antecesor.

En cuanto a los efectos de sonido y el doblaje, creo que sería justo resaltar su calidad. Los efectos, a pesar de quedar ensombrecidos por el desarrollo visual, son efectivos y algunos de ellos han permanecido intactos de anteriores sagas y no dejan de ser un guiño hacia los jugadores. Las voces y gruñidos de los nuevos demonios y criaturas son estupendos, así como algunos efectos más sutiles que acompañan las apariciones o muertes de algunos monstruos.

El doblaje, cómo no, sigue siendo muy bueno. Aunque la versión en castellano es considerablemente inferior, disfrutar del doblaje en inglés (UK) es un placer. Por supuesto, hasta el casting de doblaje ha sido criticado por la comunidad en multitud de foros. Personalmente me parece un aspecto sobresaliente del juego y este apartado tendría una puntuación mejor si su banda sonora general hubiese sabido encontrar un camino más personal.

Nota: 7 / 10

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Resumiendo, Diablo 3 no lleva ni medio año de recorrido y ya son muchos los que han lapidado el juego casi de por vida. Me gustaría decir que se debe únicamente al hecho de llevar consigo la pesada carga de una saga demasiado exitosa. Pero lo cierto es que algo más falla. Cuando la enorme mayoría de jugadores repite de forma incansable que Diablo 3 es como mucho un buen juego, pero que no es capaz de mantener el interés masivo del público, es hora de reconocer errores.

Simplemente Blizzard ha fallado al calcular hasta qué punto llevarían los jugadores el juego, alcanzando todo lo que puede dar de sí ahora mismo con una rapidez pasmosa. Diablo 3 no da para más. Al contrario que muchos, pienso que poco a poco llegará a ser lo que todos esperamos, pero a nadie parece sobrarle paciencia para confiar en una compañía que en cierta forma ha estado por debajo de las expectativas.

No ha ayudado en absoluto la falta de empatía de Blizzard en foros y redes sociales, los continuos problemas de lag, las incidencias casi constantes cada vez que se actualiza un parche o incluso la actitud de los propios creadores del juego con asuntos que les han salpicado de forma seria en Facebook o Twitter, ganándose la antipatía de los usuarios. Pareciese que Blizzard ha pasado de ser la compañía que mimaba cada pequeña cosa que hacía hasta el extremo, a la compañía que esencialmente quiere rentabilizar licencias lo más rápidamente posible.

Si eres un jugador paciente y ocasional, o si no puedes dedicarle demasiado tiempo cada semana, te parecerá que Diablo 3 es un juego con infinitas posibilidades y una duración casi inabarcable, especialmente si pretendes explorar la capacidad de cada una de las cinco clases. El avance a través de los tres primeros niveles de dificultad te resultará variado y con pocos pero interesantes añadidos paulatinos que mantendrán tu interés durante meses.

Si eres un jugador más dedicado, destinado a moverse como pez en el agua en Averno tras apenas una semana de juego, posiblemente se te quede corto antes de tiempo y a la enorme espera que hemos tenido que sufrir, cabrá sumarle un número indefinido de meses hasta que sepan qué hacer con el desarrollo del juego, si es que quieren darle tanta cuerda como sin duda previeron que tendría. A pesar de las mejoras continuas, mucho me temo que el sistema del juego está herido desde el principio y va a ser complicado de reparar sin tirar a la basura gran parte de lo ya realizado por parte de Blizzard y de lo jugado por parte de los usuarios.

Diablo 3 me ha reportado y me sigue reportando infinitamente más horas de entretenimiento que cualquier videojuego del mercado y creo que sigue siendo un digno sucesor que ha apostado fuerte, con valentía y que ha fallado en muchos puntos. Me sigue pareciendo una obra maestra en potencia a la que le falta tiempo de maduración. Tarde o temprano, Diablo 3 será lo que muchos esperaban de entrada, creyendo equivocadamente que el conocimiento adquirido en un proyecto es automáticamente extrapolable a otro completamente distinto, como quien copia y pega un archivo en su ordenador. Nada más lejos de la realidad.

Más información: Diablo 3

R.